Hoy en día, cada vez más personas comen fuera de casa, y son muy exigentes con todo, desde la temperatura de la comida hasta la calidad del aire. Más clientes significan más ganancias, pero también más quebraderos de cabeza en la cocina. Si quieres que tus clientes vuelvan, la calidad del aire interior debe ser tan importante como tu plato estrella. Reduce el riesgo de incendios, evita las quejas por malos olores y hace que la gente quiera regresar.
Los problemas que causan los restaurantes
La cuestión es la siguiente: una cocina concurrida y el comedor necesitan sistemas de ventilación totalmente diferentes. En la cocina, lo fundamental es eliminar el calor, el humo y la espesa niebla de aceite que queda al freír. Por eso, los grandes sistemas de ventilación trabajan a pleno rendimiento para extraer toda esa suciedad.
Pero aquí está el problema: cuando simplemente expulsas ese aire contaminado al exterior (o dejas que se disperse por el edificio), te estás buscando problemas:
Riesgo de incendio: Con el tiempo, se acumulan aceite y grasa en los conductos; una sola chispa puede provocar un incendio rápidamente.
Mala higiene de los conductos de ventilación: La grasa acumulada en las rejillas de ventilación se enmohece o atrae la suciedad, lo que supone un grave riesgo para la salud.
Plagas: ¿Ese olor a comida sobrante en el aire sucio? Atrae a las cucarachas y roedores como un imán.
Quejas por malos olores: ¿Qué ocurre si el humo de la cocina o el olor a freidora se filtran al comedor? Los clientes se marcharán (y dejarán malas reseñas).
Prefiltro, filtro de carbón activado, filtro de ultrafiltración/ósmosis inversa
Las cocinas comerciales necesitan una buena ventilación para eliminar el calor, el humo y el vapor, pero no basta con simplemente "extraer el aire". Es necesario tratar tanto el aire de escape como el aire fresco que entra, o seguirá habiendo problemas.
¿La solución? Una combinación de filtros de aire que realizan tres funciones clave:
Recoge el aceite y la grasa (para que no se acumulen en los conductos).
Captura las partículas diminutas (las que hacen que el aire se sienta "repugnante").
Elimina los gases que provocan ese persistente olor a fritura o humo.
Las cocinas generan muchísimos aceites, grasas y olores, por lo que estos filtros trabajan arduamente. Pero una vez instalados, es fundamental realizar las revisiones de mantenimiento periódicas. Si no se realizan, dejarán de funcionar rápidamente.