Los fabricantes de discos duros (HDD) compiten ferozmente con las unidades de estado sólido (SSD) en precio y fiabilidad. Si a esto le sumamos las crecientes exigencias de rendimiento de los ordenadores y las diminutas secciones de grabación en los platos, los discos duros requieren un control de calidad más estricto que nunca. ¿La solución? Un control óptimo de la contaminación para proteger estos componentes esenciales para el negocio.
Por qué el control de salas limpias es innegociable para discos duros
El control total de la contaminación en salas blancas mantiene las superficies de los discos impecables, y eso es fundamental. El polvo, las partículas y los productos químicos se adhieren a los discos y a los cabezales de grabación, e incluso el más mínimo problema puede causar inconvenientes: el polvo superficial raya los componentes y los pequeños defectos perjudican la calidad o provocan la pérdida de datos. La limpieza equivale a la fiabilidad de los discos duros.
Principales fuentes de contaminación de discos duros
Prefiltro, filtro de carbón activado, filtro de ultrafiltración/ósmosis inversa
Trabajadores, equipos y materiales de construcción
Materiales de casete, productos químicos de proceso y embalaje
Electricidad estática, aire interior y filtraciones de aire exterior.
Daños ocultos de la contaminación molecular
La contaminación química (molecular) es igualmente dañina:
️ Se acumula en los cabezales/discos, provocando adherencia (las piezas se pegan).
️ Corroe los componentes mediante ácidos orgánicos/inorgánicos
️ Interferir con la altura crítica de vuelo de la cabeza